"Mi mayor temor es que un día me vuelva
conformista y empiece a ver todo bien o muy difícil de alcanzar. Me pregunto
hasta cuándo me durará la "rebelión", porque no quiero que se acabe. Y si esto es
propio de la adolescencia, quiero ser adolescente el resto de mi vida, no
importa el acné. Porque es mejor una vida corta con un recuerdo digno, a muchos
años de vida que dejen una memoria efímera".
Alguna vez hace poco escribí el anterior párrafo, el cual es bastante sincero. Últimamente he pasado por lo que llamo decepciones generalizadas y me he cuestionado muchas cosas, las cuales les quiero compartir. Este texto no pretende necesariamente hacerle cuestionar, ni influir en su forma de pensar, ni ofrecer una visión negativa y desalentadora de las cosas. Aunque lo pueda parecer, créame que nada de eso es mi intención al escribir esto, simplemente quiero que sepa qué pienso.
Las decepciones generalizadas son estados de ánimo que ni yo misma me aguanto, en los que me quejo de muchas cosas con alguien, dejando a aquella persona preocupada y a mí, más tranquila. Una de mis decepciones generalizadas recientes fue respecto a la gente en general. ¿Por qué a la gente le gusta ser mediocre? Yo creo que es normal cierto nivel de pereza en la raza humana, pero hay personas que se exceden. En los estudios nunca se esfuerzan por aprender, solo les importa aprobar con la nota mínima las materias y creen que tener un cartón es sinónimo de saber. Además siempre quieren obtener resultados inmediatos con esfuerzos mínimos.
Me enoja demasiado saber que esas personas mediocres lo único que hacen es atrasar a los que sí están interesados por aprender y entorpecer la labor docente, hablando de ámbitos educativos. Además me preocupa saber que esas personas algún día se graduarán como profesionales de una carrera de la que no saben mucho y que serán profesionales mediocres. Me enoja ver cómo eso es algo muy generalizado en mi país, la mayoría de las personas son mediocres y hacen siempre lo que les requiera el mínimo esfuerzo. Y lo que más me enoja, es que la gente se ayuda a ser mediocre: se dan copia en trabajos y exámenes, se hacen cuarto en el trabajo. Por eso las lipoesculturas son tan populares, por eso los trabajos se consiguen con influencias, por la mediocridad.
La segunda decepción generalizada, más que enojo me causó una gran tristeza. Tiene que ver con la violencia y la corrupción en mi país. Yo había creído que una de las mayores causas del mal funcionamiento político en mi tierra es que los votantes no ejercen su derecho al voto conscientemente, sino que usualmente lo venden, de una o u otra manera. En esta patria, la del Sagrado Corazón de Jesús y de los performers de semáforos, nos cobran impuestos que no se ven invertidos en el país, elegimos gobernantes que olvidan sus promesas, secuestran y asesinan inocentes en pleitos ajenos, nos avergonzamos de nuestro mayor negocio (narcotráfico), rendimos pleitesía a lo extranjero, los noticieros tienen que inventar nombres para las nuevas ilegalidades políticas y la brutalidad policial y militar se conoce pero se ignora.
No quiero sonar como autor de novelas colombianas que solo escribe sobre drogas y putas, ni como director de película colombiana que no conoce más temas que esos dos. Pero no puedo tapar el sol con un dedo. Claro, no estoy afirmando que eso es lo único que se ve en Colombia. Mi país es mucho más que drogas, putas, Shakira, Juanes y café. Somos el primer país en diversidad de aves y orquídeas, nuestros paisajes son mágicos, hermosos y variados, la gente le hace sentir como un amigo con solo saludarte, sacamos ganas como sea para festejar, tenemos gran variedad gastronómica, diversidad cultural y étnica, hemos dado artistas y científicos importantes para el mundo y somos recursivos y creativos.
Es decir, si usted es extranjero y está leyendo este post, sepa que aunque tenemos aspectos negativos, Colombia no es tan mala como la muestra Hollywood. No se roba y se mata en cada esquina por deporte. Como en todas las ciudades de todos los países del mundo, hay partes de las ciudades en las que hay mucha delincuencia, pero no quiere decir que nunca pueda estar seguro en Colombia. Respecto a las bondades colombianas, todas son ciertas, solo que en algunas regiones del país algunas se acentúan más que en otras.
Pero volviendo al tema, yo creía que todos esos problemas se podían cambiar si el pueblo cambia su mentalidad y si aprende a votar, pero entendí que no es tan fácil. Es difícil aprender a votar conscientemente cuando 1 de cada 3 candidatos a cargos políticos (si no me equivoco en la cifra, que escuché en un documental llamado Impunity) están respaldados por el narcotráfico, cuando las personas buenas (que aún creemos que somos más, y no necesariamente estoy cuestionando esa creencia) no se meten en la política porque saben lo turbia que está, cuando la mayoría de las personas, desde jóvenes hasta viejos, admiten soluciones violentas en algunos casos, algunos más flexibles que otros, cuando todos los que han sido elegidos previamente han olvidado sus promesas y no hay por qué esperar que uno nuevo no lo hará.
Entonces, la solución no es fácil, ni rápida. Yo sabía que no era rápida, y sabía que mucha gente desistía de luchar por un cambio porque siempre quieren resultados inmediatos. Pero lo que me entristece es que empiezo a perder la esperanza en una solución "fácil" que solo involucre educación y cambios de mentalidad.
Con la situación actual de los múltiples paros me doy cuenta de que el gobierno atiende apremiantemente las manifestaciones violentas y las crisis agudas y entiendo que Colombia tendrá que llegar a tocar un fondo profundo para verse mejor, y que no será nada rápido. Mis preguntas acá son ¿qué tan hondo tendremos que llegar? ¿cuántas cosas más tendremos que pasar, cuando parece que ya lo hemos visto todo?
Me parece una certeza que moriré sin ver a mi Colombia como la sueño, pero al menos quiero morir sabiendo que hice algo por ella y que no me conformé con solo ver pasar la violencia y la corrupción como si nada tuvieran que ver conmigo. Espero que la próxima generación sí logre ver esa Colombia, claro que también espero que yo lo logre, pero me parece más realista desear lo primero. Y me rehúso a usar la violencia como medio.
Hasta acá lo principal de lo que he pensado en estos días. Solo espero que entiendan lo que yo quiero decir y que no me malinterpreten. No tengo una visión fatalista, solo que en ocasiones la realidad nos hace dar cuenta de qué tan acordes estamos con ella, aunque nunca perderé la esperanza de ver a mi Colombia bien. Y creo que Colombia no necesita más colombianos que solo se sienten como tales cuando hay carnavales y cuando se habla de la belleza de sus mujeres.
Desde el país de la aguapanela y de las fiestas a cuadra cerrada, yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario